viernes, 1 de noviembre de 2013

Lluvia

Las gotas caen,
los pájaros vuelan en la libertad del cielo,
el capullo se cierra,
y el Sol se oculta entre las nubes.
Nada en este orden divino ejerce protesta.
Mi perro, más suyo que mío,
me mira con curiosidad,
 se pasea debajo de la lluvia,
se embarra y me vuelve a mirar.
Mueve su cola de lado a lado,
pues bien sabe que lo estoy plasmando.
Él es una pieza más de mi rompecabezas.
 Al otro lado de las vías, una humanidad, camina con la mirada perdida, fija en la nada, buscando un paraguas, para semejante tempestad, que cae y cae, al son de mi escritura.
¿De qué huyen? Si la tormenta está dentro...
A veces es necesario sentarse a charlar con el diluvio, amigarse con las aguas y el cielo gris.
Es el invite a una pausa, a congelar el tiempo y dejarlo ir.

Siempre curiosa, observo que ningún ser, excepto el humano, se lamenta por el rocío de la atmósfera. Inclusive, los mismísimos pájaros, lejos de lo que de ellos se cree, disfrutan mucho de la lluvia y de la limpieza que nos trae. Esto lo sé, porque un colibrí, que sobrevolaba los árboles, mientras yo miraba asombrada, me contó con una bonita canción, su amor por las tristes estaciones.

¿Por qué seremos la única especie que teme a la purificación natural que nos obsequia la Tierra?
Quiero creer que, de tanto correr, no hemos tenido el tiempo para ver y aprender, que el Universo es cíclico, una maravillosa rueda, de infinitas paradas, con las que nos retroalimentamos...

A quien me pregunte por la felicidad, le hablaré de contemplación.
A quien me pregunte por la paz, le contaré sobre la aceptación.
A quien me cuente de impaciencias, le diré que respete los tiempos de la rueda.
A quien me hable desde el ego, le señalaré la muerte, que no nos deja tiempo para lo absurdo del "yo"
A quien me hable sobre conocimiento, tiraré sus libros, y tocaré su corazón.
A quien me hable de sabiduría, le hablaré sobre lo sabio de la experiencia.
A quien me hable de sueños rotos, le mostraré el reloj Universal.
A quien me hable de maestros, lo sentaré frente a la mirada del animal.
A quien me trate de gurú, le enseñaré un puente,  porque eso somos.
A quien me hable de tristezas, le mostraré la lluvia, el silencio y la meditación.
A quien me hable de vida, le hablaré de amor, respeto y voluntad.
A quien nombre al amor, le mostraré al monstruo que debe ser domado, aquel que llamamos: miedo.
A quien me consulte por soledades, le mostraré el cielo, la tierra, la Luna y el Sol.
A quien me cuente de inseguridades, le daré un abrazo de corazón a corazón.


Gracias Neo, por tu grata inspiración.



Gracias Adrián por regar este huerto, de buenas intenciones :)






1 comentario:

  1. La lluvia límpia no sólo el polvo ambiental sino también lo negativo en nosotros si así lo decidimos. Nos han enseñado a huir de la lluvia, de la Naturaleza de nosotros mismos. Sentir la lluvia, el viento supone estar vivo. dejar de ser máquinas humanas. Nos han eneseñado a no sentir. Nuestra tarea de guerreros es volver a retomar la unión con el espíritu que nos han y nos hemos quitado.
    Un gran abrazo Sasha. Ahoo.

    ResponderBorrar