Somos diamantes, de mil facetas, de millares de aristas. Nos
perdemos en una de ellas, y a eso lo llamamos: realidad. Nos sumimos en la
bruma de nuestro propio reflejo, creyéndonos limitados, y alimentando, toda
nuestra vida, ese sentimiento de estar vacíos. ¿Qué es lo que nos falta? ¿Por
qué este sentirse incompleto? Nos proyectamos sumamente racionales, certeros, y ni
siquiera estamos en esa posición. Son muy pocas personas, las que realmente,
tienen fija su percepción en el centro de la “razón”. La mayoría están
consumidas en su propia imagen, en una sola cara del diamante.
Con el paso del
tiempo, nos vamos olvidando, que existen otras aristas a experimentar, otras
formas de vivir… quizá las intuyamos, pero les tememos. Y si, al fin, logramos
librarnos de ese terror; vivenciamos otra de las
mil facetas. Sin embargo, resulta que ésto, sigue sin darnos plenitud, y aún seguimos sintiéndonos,
cual hoja a merced del viento, incapaz de enraizarse a ninguna tierra firme.
Una parte de nuestro Ser, nos crea una grave presión, a fin de intentar, que podamos recordar nuestra verdadera naturaleza, la totalidad de nosotros mismos. ¿ Y qué hacemos con eso? Lo interpretamos como locura, obsesión, tristeza e infelicidad. Mientras más barreras ponemos a eso que sentimos, más fuerte nos presiona. Y así, quizá, un día, cuando nos demos cuenta de que, vivir como un idiota, o vivir como la persona más intelectual, da igual; podamos ver, que lo único que existe es el Ser que está dentro de nosotros y que va a llegar a su final. Si este proceso surge, llegaremos al sitio en el que, ya no importa nada, porque todo tiene el mismo valor. Y allí, cuando Seas, sin importar que pase… El polvo que cubría la visión de tu totalidad, se disipará espontáneamente. Y serás, en tu centro, el gran Diamante. Que un día, luego, de refinar su vínculo con el resplandor del mismo, se esfumará en el brillo de lo Inmenso.
Una parte de nuestro Ser, nos crea una grave presión, a fin de intentar, que podamos recordar nuestra verdadera naturaleza, la totalidad de nosotros mismos. ¿ Y qué hacemos con eso? Lo interpretamos como locura, obsesión, tristeza e infelicidad. Mientras más barreras ponemos a eso que sentimos, más fuerte nos presiona. Y así, quizá, un día, cuando nos demos cuenta de que, vivir como un idiota, o vivir como la persona más intelectual, da igual; podamos ver, que lo único que existe es el Ser que está dentro de nosotros y que va a llegar a su final. Si este proceso surge, llegaremos al sitio en el que, ya no importa nada, porque todo tiene el mismo valor. Y allí, cuando Seas, sin importar que pase… El polvo que cubría la visión de tu totalidad, se disipará espontáneamente. Y serás, en tu centro, el gran Diamante. Que un día, luego, de refinar su vínculo con el resplandor del mismo, se esfumará en el brillo de lo Inmenso.

Uno de nuestros mayores errores es concentrarnos en una arista del diamante a la que damos carta de realidad absoluta. Deberíamos recordar a Don Juan cuando decía que un camino es uno entre mil caminos. Que existen muchas realidades conviviendo con nosotros. Olvidamos el SER, nuestra verdadera esencia.
ResponderBorrarTienes una gran capacidad para expresar verdades muy profundas. Me ha encantado. Un gran abrazo Sasha.